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domingo, 30 de octubre de 2011

EMPANADA CON CARNE DEL PUCHERO

INGREDIENTES
Para la masa:
Lo mejor es comprarla hecha, pero si te empeñas.
150 gramos de harina
100 gramos de manteca de cerdo
Agua
Sal.

Para el relleno:
Carne y jamón del cocido
Cebolla
Un poco, muy poco del tocino de la olla
Pimienta molida y sal
Perejil
Especias al gusto

   Esta receta se hace con las sobras del puchero cuando no queremos hacer croquetas o con carne y jamón hervidos de haber preparado un buen caldo. Como hago muchos caldos de jamón lo que suelo hacer es apartar la carne y el jamón con un poco  de tocino, muy poco, los escurro bien y los congelo en una bolsa de plástico. Estas bolsitas me sirven para preparar sopa de picadillo, croquetas, empanadas, etc.
   Primero preparamos dos finas, muy finas láminas de masa -lo mejor para ahorrar tiempo es usar las de hojaldre que venden preparadas, salen muy buenas- y las extendemos una junto a la otra. Sobre una de ellas ponemos el picadillo de la carne muy extendido cubierto con una buena capa de cebolla que habremos pasado por la sartén previamente. salpimentamos y añadimos las especias que nos gusten.
   Mojamos someramente los bordes de las dos tiras de pasta y cubrimos una con otra de manera que los bordes mojados se unan, apretamos con gracia y al horno fuerte unos veinte minutos.
   Si lo que quieres es preparar la masa pues haz un pequeño volcán con la harina, pon en el centro la manteca y un poco de sal y empieza a amasar. Ve añadiendo poquito a poco agua muy fría hasta que la masa se pueda manejar bien y esté bien ligada, entonces empieza a aplanar con el rodillo, dobla por la mitad, aplasta de nuevo, dobla por la mitad, aplasta de nuevo y así unas pocas de veces. Deja reposar tapada con un paño húmedo y cuando vayas a preparar la operación repite lo de estirar y doblar un par de veces y aplasta hasta que tengas dos láminas muy finas.
   Para que no salga tan sosita como la de la foto podemos pintar la capa de arriba con huevo batido, con yema por una parte y clara batida por otra, con agua solamente...






La boda de DUNIA

 Ensalada fresca
 Pastela de carne

 Cordero

ESTOS SON LOS ALGUNOS DE LOS MARAVILLOSOS PLATOS QUE NOS SIRVIERON EN LA BODA DE DUNIA Y YASSIN
La noche anterior, en la cena nos comimos una exquisita sopa jarira, un delicioso tallin de cordero y un cuscus para cuparse los dedos, nunca mejor dicho.

jueves, 20 de octubre de 2011

Sopa de champiñones. La guerra francoespañola de mi familia

  Si bien es sabido que la familia escapó de la revolución francesa por aquellas fechas, no es menos sabido que la rama jacobina de la misma se quedó y colaboró. Colaboró con todos, desde  Marat a Napoleón tercero, que ya es colaborar, y con la cosa de que Eugenia de Montijo era española y para más señas de Granada, les faltó tiempo para congraciarse con la rama española huída.
   Nosotros, que no somos rencorosos y sabemos perdonar -aunque no olvidamos- nos avenimos a recibir a la cónsula de Francia -su marido era cónsul-  y amiga de Eugenia. Fue un recibimiento frío y con un besamanos poco estirado, pero mi familia supo mantener el tipo. Durante el tiempo que estuvieron en Granada pudimos relacionarnos con ellos -bueno, en realidad quien se relacionaba con ella no era yo, se comprende, pero es que hablo en nombre de mi familia- y recibirlos en la casa que teníamos puesta en la capital. No faltaron momentos tensos en esos encuentros, sobre todo a la hora de la comida. Las dos familias aprovechaban para poner platos que ofendieran. Así los franceses nos obsequiaban con hermosas tortillas españolas que en realidad eran como suflés, las pinchabas y hacían piiiuuuuuff y se desinflaban. no llevaban mas que unas láminas de patata por fuera para disimular pero estaban hechas con claras montadas, yemas y nata solamente. Los españoles respondíamos con bravura: un gallo asado entero puesto en una bandeja sobre sus patas -en realidad sentado en una cebolla enorme asada- con la cabeza cortada y puesta en una cestita junto a la salsera. Aquello los ponía de mala leche, pero qué se le iba a hacer, eran unos traidores a la familia como estaba claro.
  La situación llegó al punto de colocarnos a todos al borde del conflicto diplomático, hubo de intervenir la misma Eugenia de Montijo y la solución vino de la ma no de la Iglesia.
   El arzobispo de la diócesis, cardenal Osorio a la sazón, que fue el último granadino en enterarse del conflicto. El pequeño arzobispo, fornido como un descargador y con unas manos como palas de horno, una vez puesto en antecedentes de la guerra francoespañola en su archidiócesis, giró una rápida visita a ambas casas y, con toda la humildad que su dignidad le permitía, anunció que se iba a liar a tortas con unos y otros y que los iba a excomulgar, que luego vinieran los embabajdores a verle que les iba a explicar que a un príncipe de la Iglesia se le hace caso o el príncipe de la Iglesia se lía a tortas no sin antes bendecir a los torteados y que su Santidad en Roma, aunque desaprobaba los medios si aprobaba los fines. De modo que se acabó, aquí paz y después gloria. Y así fue, tras la convincente visita de su Eminencia las dos familias dejaron de hacer tortillas y gallos asados y se fueron a comer fuera.
   Esta sopa se la enseñó la cónsula a los de la rama heróica -los españoles naturalmente- de la familia.
INGREDIENTES
Champiñones
Cebolla
Medio ajo
Vino blanco
Aceite
Cuscurros de pan fritos
Sal
Pimienta blanca molida.

PREPARACIÓN
   Se lavan los champiñones, se les quita el culo y se separan los tallos dejando las cabezas enteras. Se separan estas, se secan con un paño y se reservan.
  Cortamos finamente una cebolla blanca y la ponemos en una sartén con los tallos de los champiñones y tres o cuatro cabezas solamente, el medio ajo y un chorreoncito de aceite. Fuego moderado, tapamos y removemos de vez en cuendo. Cuando todo está blando añadimos e4l vino y la pimienta, algo de sal y maremos un par de minutos.
  Mientras que se hace lo anterior cortamos en cuadraditos pequeños  tres cabezas de champiñones y un par de rebanadas de pan, enharinamos y freimos los champiñones  a fuego fuerte y los cuadraditos de pan. sacamos y reservamos por separado en caliente.
  Con lo que teníamos en la sartén, una vez que ha reducido el vino un poco, no del todo, molemos muy bien, lo volvemos a poner el la misma sartén y añadimos agua. Dejamos que hierva un poco, salamos y a la hora de servir la acompañamos con los cuadraditos de champiñones y de pan.
  Hay que procurar que la sopa quede como crema, no demasiado aguada. 


domingo, 16 de octubre de 2011

Pollo al curry.


INGREDIENTES
Pechuga y muslo de pollo cortada en tiras pequeñas
Aceite de oliva
Grasa de pollo. ¡Sí, grasa de pollo!
Zumo de un par de limones
Nata líquida
Pimienta Blanca
Curry, media cucharadita
Sal.
Vino fino.

PREPARACIÓN.
  Un día antes se pone la carne cortada en tiras largas y finas con sal y el zumo de un par de limones, se cubre con las pieles de los limones estrujados y se deja macerar.
 Al día siguiente se pone la carne con el zumo restante en una sartén de hierro fundido con un poco de aceite y un buen pegote de grasa de pollo, se frié ligeramente y se añade el vino. Cuando reduzca se añade la nata y el curry, se salpimenta y se hierve un par de minutos. Se sirve muy caliente.

P.S. Para rascarse debajo de la escayola le hemos ideado el siguiente artilugio:
  Con una sonda de las que utilizan los electricistas para meter los cables por los tubos introducimos una cuerda anudada muchas veces a modo de rosario. Un extremo se ata al dedo gordo del pie y el otro queda libre, por encima de las bragas, para que al tirar de el produzca el efecto de rascadura deseado volviendo a su posición inicial mediante movimientos oscilatorios del dedo gordo. Un efecto más prolongado y fuerte se consigue atando el extremo inferior de la cuerda al collar del perro y lanzando a este una pelotita repetidas veces, cuidando siempre de que el perro no tenga hambre, ganas de hacer pis ni haya gatos cerca pues podría desarmarse el invento y obligaría a reiniciar la maniobra con la sonda.

miércoles, 12 de octubre de 2011

Leche frita con sorpresa. La perla negra.


   Mi primo Elías Dogger ha venido a comer. Mi primo Elías, además de rico, hijo de rico, fabricante de paraguas, soltero de oro, guapo, detective privado y divertido; cocina de maravilla y tiene muchas historias que contar. El postre lo ha traído él, leche frita con sorpresa acompañada de higos chumbos. Toda una dulzura fría.
   Mientras preparábamos una deliciosa sopa de tortuga Lady Curzom y un pollo al curry para chuparse los dedos - próximas recetas- me ha contado una de sus aventuras detectivescas.
   No hace muchas fechas, una conocida aristócrata viuda de un torero y amiga suya había descubierto por la mañana la falta de un collar de perlas negras valorado en un potosí. La aristócrata era una mujer de resultados rápidos y la policía no le había dejado más que una casa patas arriba y una servidumbre con los nervios de punta a la hora del almuerzo, que resultó un desastre.
  Su mejor recurso era llamar a su amigo Elías para tomar un cóctel a la tarde, cenar en la terraza y tener su collar en el cuello para los postres, tal era la confianza que depositaba en mi primo.
   Elías resuelve todos sus casos con la ayuda de tía Anita, amiga de toda la vida de la aristócrata robada, pero que esa misma tarde tenía una reunión importantísima con su grupo de viudas cristianas "El Pentateuco" -formado por cuatro viudas y una soltera a la que se le hundió el novio con un barco de carbón y podía darse el título de viuda- en la que tratarían la confección de manteles nuevos para el altar de santa Rosita, tema inaplazable a todas luces. 
   Mi primo se las tendría que ver solo con el misterio aunque permanecería constantemente comunicado con la tía Anita mediante el móvil. En realidad estaba comunicado constantemente con las cinco pues las cinco siempre metían las narices en sus casos. A pesar de lo pesadas que son el nunca tiene un mal gesto y las considera como una colección de tías viejas a las que quiere sinceramente.
  La comunicación permanente consistía en que cada veinte minutos le hacían una llamada haciendo preguntas de todo tipo y dando las opiniones más peregrinas. Podían dar puntadas y cotorrear al mismo tiempo, e incluso dar puntadas y hablar por el móvil a la vez.
  Elías iba informando puntualmente del desarrollo de la velada ,desde la ropa de la señora a la manera de servir los cócteles., al Pentateuco todo le parecía importante y esclarecedor.
  Elías dirigió inteligentemente la conversación, interrogó a los criados con sutileza, levantó los pañitos de los sillones admirando el fino trabajo de crochet y escudriñó toda la casa con su elegancia natural sin levantar la más mínima sospecha.
  Hasta el segundo plato no se había avanzado nada en la resolución del misterio, la cosa no pintaba bien y el Pentateuco disparataba a lo grande pero Elías conseguía mantener tranquila a la señora a pesar de que el teléfono no dejó de sonar durante toda la tarde. Estaban sirviendo los postres cuando tuvo que enumerarlos por teléfono sin perder la compostura: copa Joules, fruta troceada con julepe de menta y leche frita con higos chumbos.
  No había terminado de nombrarlos cuando tía Anita le dijo: "hijo, la leche frita,  la leche frita, ahí están las perlas"
  Efectivamente, escondida en cada uno de los trozos de leche frita había una perla negras. El cocinero fue detenido, las perlas fueron lavadas y enviadas al taller para volver a ser engarzadas como siempre habían estado.
  El misterio estaba en que tía Anita sabía perfectamente que la señora detestaba la leche frita y que los higos chumbos le producían estreñimiento, razón por la cual ella nunca  hubiera elegido servirse de ese postre y Elías, conocedor de sus gustos, igualmente la hubiera rechazado. La leche frita hubiera ido al cubo de la basura y las perlas habrían salido de la casa sin que nadie sospechara nada.
   Pues el postre de hoy es en recuerdo de esa aventura.

INGREDIENTES
Seis cucharadas grandes de copos de avena del cuáquero que se ríe.
Medio litro de leche entera, con nata.
Tres cucharadas de azúcar.
Más azúcar.
Canela en rama y en polvo
Aceite de oliva.
Pan de molde.
Miel de caña.
Huevo
Harina
Más aceite.
Higos chumbos.


PREPARACIÓN
   Primero preparamos la sorpresa que va dentro de la leche. Descortezamos dos rebanadas de pan de molde blanco y las cortamos en ocho rectángulos pequeños que freiremos en aceite de oliva. Conforme se doran los sacamos y los ponemos en un plato con miel de caña para que empapen bien en caliente y queden negros y jugosos.
   En el mismo cazo en que hemos frito el pan dejamos un culillo del aceite de freir el pan y añadimos el azúcar, movemos bien y ponemos un poco de leche. Cuando empieza a hervir y a formar espuma añadimos los copos de avena y dejamos que se empapen bien del aceite y del jarabe que se ha formado. Ponemos el resto de la leche, y la canela en rama y a hervir unos minutos.
  Cuando las pompas son muy grandes y pesadas retiramos del fuego y echamos una primera capa  de algo menos de un centímetro de grosor en un molde plano,  el resto de la masa clara la dejamos en el cazo para que no se enfríe.
   Cuando la capa del molde se ha enfriado un poco ponemos los trozos de pan con miel estratégicamente distribuidos sobre la capa de manera que que espacio entre suficientemente entre ellos. Cubrimos con el resto de la masa clara y dejamos enfriar.
   Una vez fría cortamos rectángulos de manera que los trozos de pan queden en el centro y no salgan por los lados, pasamos por huevo batido cada trozo, enharinamos y freímos con aceite.
  Al sacarlos de la sartén los cubrimos con azúcar y canela en polvo y los enfriamos.
  Se sirven bien fríos con unas rodajas de higos chumbos. También podemos servirlos bañados en un poco de crema de inglesa muy líquida. Eso va en el gusto de cada uno.

   Al cortar con el tenedor irá apareciendo la perla negra en su interior. Dulce y jugosa.
  También podemos acompañarla con una crema espesa de leche mu fácil de preparar. Ponemos igual cantidad de leche, nata y queso fresco, batimos, azucaramos, un poquito, muy poco de vainilla y al fuego lento; en cuanto comienza a hervir apartamos, dejamos enfriar y ya está.

lunes, 10 de octubre de 2011

Pollo a la Jean Baptiste. 1790 el año del terror del tatarabuelo Jean Baptiste.


  Ya no es ningún secreto, ya puedo contarlo: al tatarabuelo Jean Baptiste Sac du Sel le cortaron la cabeza en la guillotina en el año de desgracia de 1790.
   Sur de Francia, la familia Sac du Sel se encuentra escondida en los bajos de su castillo, llevan un año viviendo como proscritos por el hecho de ser nobles. La revolución ha puesto patas arriba a Francia y Jean Baptiste permanece escondido rodeado y protegido por sus más fieles servidores. Pero nunca falta "une poire pourrie dans un panier" -una pera podrida en una cesta- y esa poire pourrie era ni más ni menos que el fiel sirviente Cul de Sac, ¡já! ¡fiel sirviente!La maldita poire pourrie denunció al bueno de Jean Baptiste a la Comunne de Sur Mer y la Comunne de Sur Mer tardó media hora en detenerlo, juzgarlo y condenarlo a la guillotina -Madame Guillotine, la madre que parió a la Madame-
   A media tarde estaba prevista la ejecución pública porque el ciudadano presidente de la Comunne estaba de picos pardos en Le Poulet Chaud -El Pollo Caliente-, famoso local de "putains les filles" -esto no lo traduzco- y no podía subirse la volée -bragueta- hasta las cuatro.
 A Jean Baptiste le ofrecen su última comida, pollo con coliflor, Jean Baptiste monta en cólera y dice que el poulet au chou-fleur se lo va a comer el verdugo que a él le da gases y un noble francés no puede subir al patíbulo gaseoso; antes muerto. Y se fue en busca de la gloria con el estómago vacío.
  Desde entonces el poulet a chou-fleur cambió de nombre y en todo el sur de Francia se le conoce como Poulet Jean Baptiste siendo la comida tradicional el día 10 de octubre en todo el Languedoc.
   El resto de la familia, con la ayuda inestimable de la Pimpinela Escarlata, huyó y cambió de nom y de prenom y ahora, casualidad de las casualidades, en un descendiente del bravo Jean Baptiste vuelve a aparecer el nom Sal aunque sea Sin.
   Del malvado Cul de Sac se sabe que un mes más tarde murió espachurrado bajo las ruedas de un carro cargado de melones de la Galia conducido misteriosamente por un partidario de la Pimpinela que se dio a la fuga, no sin antes zamparse un par de buenos melones dejando las cáscaras junto a la compote du poire poirrie -Cul de Sac hecho compota- como aviso a posibles traidores para la posteridad.
   A resultas de que los nobles franceses refugiados en Londres a causa de la revolución no cabían y se caían al Támesis, la Pimpinela optó por trasladar a mi familia a España abriendo la vía de escape conocida por la Route Melon -la ruta del melón-, la misma que posteriormente empleara el ejército napoleónico para su invasión de la península. Todo ello se encuentra suficientemente documentado en la obra "Itinéraire Melon à la guerre des Oranges" -De la ruta del melón a la guerra de las naranjas- del barón Pierre de la Poularde.
INGREDIENTES
Pollo que ha sobrado del puchero
Coliflor hervida
Sal
Jamón
Pimienta
Perejil
Aceite de oliva
Mantequilla.
Espesante de Maizena

PREPARACIÓN
   Se pica el pollo muy picadito y se machaca la coliflor con el tenedor, se mezclan y se le añade un poco de espesante y un chorrito de aceite; perejil y sal.
   Se hacen tortas con un molde y se les pone encima una nuez de mantequilla, diez minutos al horno fuerte y dos de gratinado, se pone en el plato, se le añade jamón picado y se decora con perejil y unas lágrimas de aceite. 

jueves, 6 de octubre de 2011

Caldo con tropezones

CALDO CON TROPEZONES.
Ingredientes.
Un hueso de jamón entero.
Medio pollo cortado a lo largo
Tres dientes de ajo
Una cebolla
Una zanahoria
Un huevo duro
Pan frito
Sal

Preparación
   En algunos supermercados venden los huesos de jamón  serrano que les sobran con bastante jamón pegadito aún, normalmente vienen ya precortados en cuatro o cinco trozos. Desechamos el último que es el que menos jamón tiene y ponemos los demás  en una olla con bastante agua, al menos tres litros.
  Al medio pollo le quitamos la pechuga y la reservamos, lo que queda lo añadimos a la olla. Ponemos los ajos pelados, la cebolla y la zanahoria entera y a hervir, reponemos agua cuando haga falta y a esperar.
  Recordad que si la olla es de acero inoxidable no debemos poner la sal hasta que esté hirviendo al agua.
  Si es en olla exprés con media hora tiene, si es en olla abierta hay que dajar hervir por lo menos una hora o más.
   Cuando está el caldo hecho salamos -cuidado que el jamón suelta sal- y sacamos todo lo sólido, esperamos que se enfríe y limpiamos el jamón y la carne.
  Separamos una pequeña porción de carne y jamón para los tropezones y el resto lo guardamos para las croquetas.
  Nos habrá salido una buena cantidad de caldo. Este caldo es muy gelatinoso y lo podemos congelar muy bien para varias veces.
  Para servir el caldo caliente le añadimos el pan frito en trocitos, el huevo duro troceado y la carne y el jamón que habíamos reservado.